Como ser Pescador de Hombres en la Pastoral Vocacional

 

 

Hoy, Jesús nos llama como a Pedro a ser pescadores de Hombres. “No temas de ahora en adelante serás pescador de hombres” (San Lucas 5, 10). Muchos animadores vocacionales e instrumentos de Dios no conocen el arte de pescar, especialmente los que viven en el interior alejados de la zona costera. Por tal motivo, quise saber un poco de este trabajo para aplicarlo a la pesca de almas.

Hay variadas técnicas de pesca y la aplicación de cada una de ellas depende de los peces que queremos pescar. Se pesca con redes, cañas u otros instrumentos. Las redes permiten una pesca de almas masiva y requiere el trabajo de 2 o más personas en su realización. La pesca con caña es individual, pero también es útil y se puede aplicar a una pesca personalizada. Por eso creo que todas las formas de pescar tienen validez ante los ojos de Dios. A continuación, algunos elementos que se deben tener en cuenta para la pesca de almas.
La red es un instrumento que requiere un grupo de pescadores. La pesca con redes es una actividad comunitaria involucrando varias personas: Simón, Santiago y Juan (Cfr. Lc 5, 10). Se trata de una sociedad en la que todos están llamados a colaborar y todos dependen de todos, tanto en la preparación y cuidado con las redes o al jalarlas llenas de peces a los barcos (Cfr. Lc 3, 3). Lucas ya había entendido y ayuda a su comunidad a entender que la misión Evangelizadora y vocacional es como una red donde precisamos de mucha gente.
En la realidad concreta de la vida de los pescadores, la pesca es una profesión, es el trabajo y mantenimiento de ellos y sus familias. El lago y el barco son los lugares de la vida y la red es el principal instrumento para garantizar la supervivencia de estas personas.
1. Voluntad de Pescar: estar convencidos plenamente por vocación y decisión de cumplir el mandato de Cristo de pescar hombres para Él. Una pastoral  vocacional, que ponga en el primer puesto la llamada que viene del Dios que llama, sería el alimento autentico que nutre y que hace fecunda la vida. Con este alimento, la opción vocacional del individuo articularia un fruto genuino.

Como fieles cristianos “incorporados a Cristo por el bautismo” vivimos un llamado común para servir a Cristo desde la vida religiosa. No obstante, el mandato y la misión de anunciar no es algo que se da solo por nuestra voluntad, porque lo queramos hacer, sino por la voluntad de Dios. La pastoral vocacional debe hacerse más misionera, orientada, continuamente, a indicar aquel cometido que se convierte en la verdadera razón de toda llamada que viene de lo alto, porque Dios invita siempre enviando hacia los demás.

La pastoral vocacional es una respuesta consciente al llamado de Dios, porque el concepto de misión es, de por sí, parte de la idea de vocación, dado que no puede darse vocación cristiana sin misión; estamos también convencidos que esta conexión facilita la pastoral vocacional, la hace más eficaz y convincente, porque precisamente el joven queda más atraído, ser llamado es la premisa del ser enviado. Pescar almas como instrumento de evangelización, es un milagro que se da por la acción del Espíritu Santo en los hombres en determinado tiempo y lugar.

 

2. Dónde Pescar: Jesús nos dice que llevemos la barca para  “Lanzar las redes en aguas más profundas” y ese lugar es el mar abierto del universo juvenil. El mundo que vivimos desde nuestra cotidianidad en el trabajo de la animación vocacional, la Comunidad, familia, los amigos, la parroquia, la calle, los transportes, los medios de comunicación que llegan a miles y millones de personas, entre otros. Para llegar a la parte más honda, se pasan por caminos peligrosos, donde cada movimiento o maniobra es un riesgo que nos puede hacer naufragar, donde nuestra barca se puede hacer astillas si choca con los bordes filosos del individualismo, la soberbia, el orgullo, el poder, el dinero y la fama.

Para adentrarnos en “su mar inmenso” hay que entrar en el gran proyecto de la vida Consagrada. Consagración-comunidad-misión. Quiero adentrarme más adentro. Y arrancar del CORAZON HUMANO que ha sido llamado; y luego tocar ese CORAZON VOCACIONADO; y abrirle a la CONSAGRACION A LA TRINIDAD; para luego situarle en la VIDA COMUNITARIA; desde donde crece y se lanza en la construcción y SERVICIO DEL REINO; dentro de un clima y ritmo especial, clima marcado por el ESPIRITU Y CARISMA DEL FUNDADOR; y acompañado por la presencia entrañable de la primera seguidora de Jesús, MARIA; para seguir surcando los mares de “este mundo”, donde ya se vive el Reino de Dios, pero todavía no en plenitud hasta llegar al gozo final de la VIDA ETERNA.

El seguimiento de Jesús pone en acción la voluntad como ejercicio libre de un camino que después de discernir, quiere seguir con radicalidad. En lo que quiero me lanzo, me comprometo, me esfuerzo, pongo toda mi personalidad a tope. La ola de la voluntad es movida por otras olas; entre ellas, la de la mente y la afectividad.

Durante la pesca se pasan horas y horas...remando bajo el sol ardiente!!, adaptando la navegación a las nuevas trayectorias de los vientos, para que finalmente se encuentre un camino despejado y el banco de los peces. Así mismo, los animadores vocacionales pasan los días orando al dueño de la mies a que envié obreros a su mies y predicando con el testimonio de acuerdo con las culturas donde se mueve, para que el mensaje vocacional transforme por la acción de Dios, los corazones de los jóvenes.

3. Preparación del equipo de pesca vocacional: Primero se elabora el tejido y la preparación de redes: Tejer las redes con buena calidad de hilos espirituales y humanos que al entrelazarlos se conviertan en nudos firmes. Cada uno de nosotros “funciona como nudos” Animadores Vocacionales, fuertes en la fe, perseverantes, pacientes y resistentes a los jalones y a la cantidad de peces que quieren salirse. Además, cada nudo se une y camina en un mismo espíritu con otros nudos, para evitar que se rompa la red.
"Es necesario lanzar las redes del Evangelio en el mar de la historia para conducir a los jóvenes hacia la tierra de Dios". Para anunciar el Evangelio,  es necesario "dejarse aferrar completamente por Cristo, Palabra de Dios encarnada, porque solo quien, con atención, escucha al Verbo encarnado que está íntimamente unido a Él, puede anunciarlo". El que anuncia el Evangelio debe ser capaz de amar hasta el martirio,  "la Iglesia no puede faltar en su misión de llevar la luz de Cristo, de proclamar el feliz anuncio del Evangelio, aún si ello comparta la persecución".
En la pesca con caña: hay que echar el anzuelo con una carnada para atraer a los peces. La caña sigue siendo la buena formación integral y solida, flexible a los cambios y a las fuerzas que la tensionan para que no se quiebre. El anzuelo apropiado es el ejemplo, una vida limpia, transparente y la misma autoridad que da Cristo. Y la carnada atractiva es la vocación religiosa en sus variadas formas y presentaciones. Carnada que se debe adobar con la alegría del seguimiento a Jesús, la disponibilidad y aceptación gozosa de la voluntad de Dios en mi vida.
Los animadores vocacionales son mensajeros por el “Amor de Cristo” (2 Cor5, 14). Dios quiere que todos se salven por “el conocimiento de la verdad” y la búsqueda de la verdad se hace imposible sino está iluminada por el Espíritu Santo que es el que conduce cualquier misión. Dejemos que en nuestra misión de animar y motivar a los jóvenes sea el viento del Espíritu Santo quien dirija las velas del barco y su fuego el que derrita el hielo de los corazones de los animadores vocacionales, que nos encontramos en este camino.

4. Viajar con el Maestro: El animador vocacional se debe alimentar de una vida Sacramental que lo ayude a permanecer fiel a Cristo, para que Cristo permanezca en él. El alma se forma en el trabajo, en las virtudes y en la verdad de Dios. Siempre debemos buscar en la oración la compañía del gran Pescador. El nos indicará dónde y cómo echar las redes o el anzuelo, como hizo con los apóstoles en la pesca milagrosa. Cuando Dios está con nosotros el viento de su espíritu nos lleva “a la parte más honda” donde están las almas.

La vida consagrada es un regalo de Dios a la Iglesia, como servicio en la comunidad de los hombres, fruto de su amor infinito, de su amor desbordante, de su amor siempre en movimiento. El consagrado es testigo fiel del amor de Dios. Ese amor que nos hace participar de su vida divina, de su Vida creadora, generadora de nuevas vidas. Esa Vida eterna e infinita, fruto del amor de Dios,
Se llama también Reino de Dios. Para el servicio del Reino fuimos llamados y hemos sido enviados.
Los remos con que la barca de la Iglesia, se va a lanzar mar a dentro para recoger la pesca milagrosa, serán la Santidad y la Misión. Ambos moviéndose armónicamente para llevar la barca mar adentro... Ambos capacitando a la Congregación, para brillar en el mundo, como antorcha de fe, esperanza y caridad... Ambos abriendo caminos nuevos por los cuales la Comunidad va al encuentro de los jóvenes, de sus corazones inquietos y muchas veces tan desorientados, de sus necesidades, de sus anhelos y luchas, de sus inquietudes y miedos.
Ambos remos deben dirigir la barca de la Congregación con seguridad, determinación y prontitud en medio de las grandes olas que la amenazan, pero guiada con seguridad al puerto del designio de Dios por la Estrella luminosa que es la Santísima Virgen. Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano.


 De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.


Olga Cecilia Bustamante A.